Historia de chistes de “codos” en Monterrey
May 8th, 2009Una breve, pero muy breve historia de chistes de “codos” en Monterrey… breve, porque si no, luego gasto mucho ancho de banda…
Sabido es, que en Monterrey nos conocen mucho por la tradición de ser codos, agarrados y ahorrativos. Hay muchas leyendas urbanas relativas a ésto, las cuales me parece importante anotar aquí:
1.- Para Ricardo Elizondo, investigador del ITESM, un probable motivo, es que durante la Colonia se usaban unas bolsas o especie de faltriqueras que contenían las monedas pesadas que se colocaban sobre el hombro, cruzadas y caían hacía un costado, tenían una correa y quedaban pegadas bajo del brazo para irlas custodiando.
Estas bolsas no se podían abrir si literalmente no “se aflojaba el codo”, de allí la famosa expresión.
2.- El historiador Celso Garza Guajardo señala otra versión: Se les llama “codos” a los regiomontanos como una especie de sinónimo de codicia, aunque no en el sentido peyorativo del término, sino por ser bastante ahorrativos o agarrados.
Precisamente, se comenta que el presidente Plutarco Elías Calles, quien tenía problemas con los de Monterrey, fue quien utilizo el término en este sentido.
Presidente Plutarco Elías Calles
3.- Otra versión indica que se les llamó así a los regiomontanos, debido a que en esta zona se manufacturaban la mayor cantidad de codos de acero, unidores de tubería del país. Y posiblemente tenga algo de cierto, ya que aquí se encontraba en auge la Fundidora de Fierro y Acero.

Codo de acero y Fundidora de Fierro y Acero
Durante los festejos del 350 Aniversario de la Fundación de Monterrey (en 1946), se llevó a cabo un concurso relativo a todo ésto, “Concurso Nacional del chiste o chascarrillo sobre la llamada Tacañería de los Regiomontanos”, convocado por la Comisión Organizadora de las Ceremonias y Festividades para celebrar esta fecha tan importante.

Logotipo oficial de los festejos por el 350 Aniversario de la Fundación de Monterrey. Colección Contemporáneo Volumen 226 expediente 26. Archivo Histórico de Monterrey

Convocatoria hecha por el Municipio de Monterrey. Colección Contemporáneo Volumen 226 expediente 26. Archivo Histórico de Monterrey
Algunos de los chistes enviados, son los siguientes:
Relámpagos.
En un hogar de regiomontanos, en una noche de tempestuosa lluvia llena de rayos y relámpagos: “Oye querido, ¿Por qué no enciendes la luz para que leas el periódico?
Y el señor contesta: ¿Para qué?, en cada relámpago leo un poquito”.
Atraco en Monterrey.
El ladrón asalta al regiomontano, poniéndole la pistola en el pecho y le dice: “¡La bolsa o la vida!”
Y el regiomontano contesta: “La vida hijo… y déjame el dinero, porque quiero conservarlo para mi vejez”.
Ahorro.
Es fama que los regiomontanos usan siempre relojes de las mejores marcas; pero nunca le dan vuelta, para no gastar el tiempo.
Bodas regiomontanas.
¿A qué no sabes porque en Monterrey, los novios el día de su boda, nunca salen por la puerta del frente de la casa, sino por la parte del corral?
Porque haciéndolo así, el arroz que les arrojan lo aprovechan las gallinas.
Maldición.
Una de las peores maldiciones es aquella que dice: “Permita Dios que te vuelvas limosnero… y que tengas que pedir limosna en Monterrey”.
Se mandó una misiva a los organizadores del evento, la cual decía lo siguiente: “Sr. Lic. Santiago Roel, por una broma inofensiva me puse a escribir “Las Ordenanzas”, para el concurso de chistes, al ver publicado el resultado, deseo saber si me saqué el premio”. Lic. Luis Ángel Rodríguez, México, D.F. Colección Contemporáneo volumen 226 expediente 9 con fecha 1 de septiembre de 1946.
Dicha misiva corresponde al ganador de dicho concurso.
Ordenanzas Regiomontanas. (Extractos del chiste ganador).
No perder el tiempo
No gastar las palabras
No disipar las ideas
No gastar pólvora en infiernitos
No agotar la paciencia
No prodigar saludos
No dar consejos
No morirse en la víspera
No llorar, para no mojar el pañuelo
No llover si bañarse…
Uno final, que también me gusto:
Los regiomontanos nunca van a confesarse, porque si lo hicieren, se quitarían un peso de encima.
Es cierto, tal vez, que seamos codos, ahorrativos, etc., pero hay también que entender los antecedentes del por qué podemos ser así. El territorio antiguamente comprendido por el Nuevo Reino de León, vivía acechado por incursiones bárbaras, las cuales castigaban demasiado a la población, tanto económicamente como en lo que respecta a vidas, pérdidas de animales, entre otros.
Incluso, cualquier desastre o problema que surgiera en Monterrey, tardaba a veces años en llegar a la Capital para poder ser analizado y darle una solución, por lo cual nos enseñamos siempre a resolver nuestros problemas solos, sin ayuda de nadie… con todo ésto, ¿Cómo no iba a ser la población de Monterrey ahorrativa, precavida, apegada a sus cosas y aprovechadora de hasta el más mínimo recurso?
El contexto cultural, social y económico crea perfiles en la población y aún en nuestros días, seguimos siendo precavidos. Se produce mucho dinero, sí, pero dicha producción cuesta horas de nuestros obreros, campesino, jornaleros, empleados, los cuales salen aún escondido el sol detrás del Cerro de la Silla y regresan a sus hogares ya cuando este completo un día de luz y se esta ocultando por detrás del Cerro de las Mitras.
Bibliografía
Monterrey 400. Una historia de progreso. EL NORTE, 1994.
Colección Contemporáneo del Archivo Histórico de Monterrey.
Acervo fotográfico del Archivo Histórico de Monterrey.
Redacción
Leonardo Martínez Hernández







